¡Qué le den a los sindicatos!

Lo vamos a dejar bien clarito. No nos gustan los sindicatos, ni los mayoritarios (CCOO, UGT…) ni los pequeñitos. La razón es sencilla, somos anarquistas y no nos representa ni Dios. Resulta muy difícil no ver ni contrastar en la historia, antigua y reciente, como estas instituciones son un brazo más de todo el entramado capitalista del trabajo. El sindicato media entre currela y empresario, delegamos en profesionales del sindicalismo o en una corporación lo que debería salir del conflicto, del enfrentamiento contra nuestros patrones, de nosotrxs mismos. Las ideas bizarras de crear un sindicato de cargas y descargas nos producen casi tanto asco como tener que madrugar para currar.

No necesitamos secciones sindicales, no necesitamos representantes, ni mucho menos esos parásitos de los comités de empresa o los liberados sindicales y su juego demócrata y electoral. No es que sean unos vendidos, no es que su existencia se justifique con un par de huelgas inofensivas, no es que estén untados de dinero y subvenciones, no es que firmen ERES y despidos, no es que sean unos corruptos. No es solo eso. Es que no aspiramos a representar a nadie, nuestros lazos se dan en el puro conflicto y la solidaridad entre explotadxs. No queremos firmar nada, no queremos sentarnos a negociar con nuestros jefes, que tienen siempre la fuerza de un mundo construido para que los empresarios hagan y deshagan a su antojo con toda la fuerza del Estado (sus leyes, sus policías –eso sí que son piquetes patronales, ¿eh?).

Apostamos por el conflicto en los tajos, incontrolable y espontáneo, que se salga de los márgenes de la negociación, los cálculos y las correlaciones de fuerza. De cada cual según sus capacidades y necesidades para la lucha, para ser su peor pesadilla y no pueden encuadrarnos, ni negociar con nadie. La lucha muere cuando surgen representantes, es ahí cuando hablan de moderación, de estrategias, de conseguir no sabemos muy bien qué objetivos a costa… de matar el conflicto. Esto es el sindicalismo y estamos tan acostumbradas a pedirle al Estado y a las instituciones todo, que no caemos en que nos han robado la capacidad de tomar las riendas de nuestra vida y de defendernos nosotrxs mismxs por nuestra cuenta. El sindicalismo es la claudicación de la conflictividad en los trabajos, es una pieza indispensable de este mundo de explotación y miseria. Son una trampa.

Ni partidos, ni sindicatos.

Acción directa

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