Luchemos: algunas formas de bloquear la producción o entorpecer el ritmo productivo en nuestros lugares de trabajo



A continuación van algunos consejos prácticos, siempre al alcance de todos, trabajadores o no, que nos pueden ayudar actualmente a plantar cara a la explotación asalariada. Muchas de ellas no son aplicables en todos los curros, pero sí en todos los curros hay una forma de generar solidaridad, bloquear la producción y reivindicar de manera práctica nuestras exigencias. Está información es pública y la dejamos al libre conocimiento[1][i], teniendo en cuenta que son prácticas re resistencia históricas de los trabajadores frente a los intereses de los jefes y patrones.


Las prácticas más extendidas dentro del movimiento obrero a lo largo de su historia, aparte de informar con propaganda a la gente que tiene a  su alrededor, han sido: la huelga, el sabotaje o el boicot. Cualquiera de ellas, es una acción deliberada dirigida a debilitar a un enemigo mediante la subversión, la obstrucción, la interrupción o la destrucción de material. En ocasiones, es utilizado como una forma de ineficiencia, organizada por los propios trabajadores, para influir de manera negativa al empresario o para desviar responsabilidades de daños ocurridos a terceros.


La mayoría de las veces estas prácticas van asociadas, según los niveles de conflicto, con actos puramente violentos, peligrosos o espectaculares, cuando no siempre es así. En muchas ocasiones, las que nos permita la situación, tenemos a mano formas de utilizarlas que son eficaces y menos aparatosas de lo que pensamos.

Debemos tener en cuenta los nuevos tipos de empleo y contratos, ya que esto nos permite saber en qué contexto  nos movemos y, por tanto, trazar una estrategia  ya que para poder sabotear nuestro puesto de trabajo necesitamos que la permanencia en este sea de un elevado periodo de tiempo. Por ejemplo, en el mundo de los escenarios existe un fuerte indefensión  relativo a la conservación del puesto de empleo y una impunidad legal que el empresario aprovecha a su favor ,por tanto, debemos trazar una estrategia de sabotaje que sea contundente a la hora de hacer daño pero que no sea fácil señalar al ejecutor.


A mala paga, mala gana

Una de estas formas de entorpecer la producción podríamos llamarla “No os canséis”. Al igual que una empresa ofrece unos servicios de una calidad a un determinado precio, el trabajador ha de marcar el precio al que vende sus servicios. Lo único que tiene cualquier proletario para ofertar es su tiempo y una capacidad o fuerza de trabajo. Es decir, su cuerpo y/o su mente, durante un tiempo establecido. Y esa mercancía ha de tener un precio. Si buscas una cierta calidad al adquirir un producto deberás pagar un precio. Por un precio menor encontraras menor calidad. Sobre esa base capitalista del precio y la calidad descansa esta forma de sabotaje que se resumiría en: a mala paga, menos trabajo. Si el empresario quiere mayor volumen de producción, lo cual requiere más esfuerzo, deberá subir los salarios.

Sin prisas y con pausa

Esta tendencia de restricción de la labor se presenta espontáneamente en la mente de cualquier trabajador: “el ritmo de trabajo lento”. Esta forma de sabotaje es practicable para los obreros a jornal , es decir , los que no trabajamos por unidades de producción si no por horas esta simple estrategia nos permite ser improductivos fastidiando así económicamente a la empresa.

Es evidente que los que trabajan a destajo, trabajo por unidades de producidas, si disminuyeran el ritmo de su producción, serían las primeras víctimas de su sublevación pasiva, pues sabotearían su propio salario. Deben pues recurrir a otros medios, y su preocupación debe ser disminuir la calidad y no la cantidad de su producción.

Lo contamos todo

Otra forma de sabotaje, tanto para trabajadores a jornal como a destajo, es el método de la “boca abierta”. La expresión es explicativa por sí misma. Y es que resulta muy cierto que muchas fortunas no se han amasado más que gracias al silencio que guardaron sobre las piraterías patronales los explotados que en ellas colaboraron. Todos conocemos los desmanes que se producen en las empresas (en todas hay trampa y cartón), sólo es necesario hacerlos del dominio público para poner en un compromiso al empresario.


Más gastos, menos beneficios

Del mismo modo, utilizar la “mano ancha” a la hora de producir, también es una forma de sabotear al empresario. Cocineros preparando platos elaborados y bien condimentados, albañiles gastando cemento a espuertas, tinta a chorros en la fotocopiadora eso reduce el margen de beneficios de una empresa. Pero también tiene el inconveniente de generar más producción, y sobreexplotación de las materias primas, a todos los niveles.

Partiendo de la base de que no todos los trabajos ofrecen un servicio en el que la mano de obra tenga acceso a la materia prima , por ejemplo, los escenarios el carga y descarga tiene posibilidades de generar más gasto económico por medio de las exigencias; pago de comida, transporte o importunar de manera que al empresario le sea necesario contratar más personal debido a la carga de trabajo no cumplimentada , por ejemplo, si tu jornada finaliza a una determinada hora y el trabajo no está concluido  puedes exigir el pago  de la comida o simplemente dejar el trabajo sin concluir de manera que al jefe le sea obligatorio tener que mandar a alguien más para concluirlo. También la “desaparición” de material básico como productos de katering, herramientas… puede suponer un coste por mínimo que sea y un engorro para la empresa.


No funciona, no trabajo

Las “averías” son también una forma muy recurrente de obstruir la producción y reducir los beneficios para el empresario. Cada uno en su puesto de trabajo sabe cómo producirlas. Azúcar o limadura de hierro en el depósito de combustible, arena en los engranajes, ventilaciones obturadas, cables pelados que hacen conexión, hielo que se derrite sobre un aparato eléctrico… El mundo de los accidentes y las averías está plagado de posibilidades.

Buscar las cosquillas al jefe

El sabotaje por exceso de celo, es llamado también “obstruccionismo”. El obstruccionismo consiste en aplicar al detalle las normas laborales. Actualmente muchas empresas se rigen por normativas de calidad (como AENOR), que, aplicadas con suma fidelidad, harían imposible la realización del trabajo dentro de los plazos y con la premura que gusta a las empresas. Se trata simplemente de ceñirse a la legalidad hasta el mínimo detalle. Esto combinado con algo de “no os canséis”, provocará un colapso seguro.

Acabamos de examinar algunos de los procesos de sabotaje que pueden ser realizados por cualquier trabajador sin suspensión de su “actividad laboral”, sin que exista abandono de la obra, almacén, cadena de montaje… Pero el sabotaje no se limita a esta acción restringida y puede convertirse en una potente ayuda en caso de huelga. Los esquiroles van a trabajar encontrando en perfecto estado los medios de producción (ordenadores, redes eléctricas, maquinaria etc.) y es así como la empresa consigue reventar las huelgas. Si una empresa sigue funcionando gracias a los esquiroles, verdadera lacra del movimiento obrero organizado, la respuesta de éste debería ser paralizar los medios de producción.

Examinemos ahora otra modalidad en la interrupción del desarrollo normal de la producción o el consumo:

La huelga

Antes de nada, aclarar que consideramos como huelga a aquella que no respeta el derecho a servicios mínimos. Además habría que añadirle, por la cuenta que nos trae, la ausencia de mediación por parte de sindicatos e instituciones. Los llamados servicios mínimos no son más que una traba al derecho de huelga de los trabajadores. Si el fin de una huelga es la suspensión de unos procesos de producción, ya sean materiales o de infraestructuras (trenes, autobuses, comunicaciones, etc.), la obligatoriedad de que un mínimo de éstos quede en activo, reducirá el impacto que a nivel de obstrucción y supresión de ganancias provoca. La huelga es una táctica con vistas a conseguir una posición de ventaja contra la empresa o sus intereses y que nos permitan alcanzar unos objetivos. Si desean que las aguas vuelvan a su cauce y se restauren los servicios, deberán ceder ante las exigencias de los huelguistas. Con la prestación de estos servicios mínimos, que en ocasiones no son tan mínimos, se facilita a los empresarios mantenerse en sus trece al no ver totalmente obstaculizados, mientras se desgasta la fuerza con la que nace una huelga, los medios de producción o servicios.

La huelga ha de ser total. Debe representar la ausencia de cualquier tipo de mercancía o servicio hasta que las condiciones de quienes lo mantienen en activo sean las que se exigen, las que se han decidido entre ellos. Si el sector más afectado indirectamente por la huelga es la población, deberemos mantener con ella una comunicación directa y abierta, haciéndoles participes de nuestras exigencias, para que conozcan los motivos que nos llevan a tomar esta decisión, siempre buscando la complicidad. Nada ayuda más a una huelga que el apoyo de aquellos que están fuera del conflicto.

En otra óptica de los dos modelos anteriores pero igual de perjudicial para una empresa u objetivo determinado se sitúa el boicot.

Boicot

Un boicot consiste en negarse a comprar, vender, o practicar alguna otra forma de relación comercial o de otro tipo con un individuo o una empresa. Con la misma dinámica de la huelga, extender un conflicto puntual a la población mediante la comunicación, podemos utilizar el boicot como arma contra el empresario. El rechazo de la población a adquirir los servicios de una empresa puede resultar muy efectivo para desarmar a ésta y dañar su imagen. De igual manera, la solidaridad entre trabajadores, negándose a vender o comprar los productos o servicios de una empresa en la que se éste dando un conflicto, resulta de gran ayuda.
Tanto en el boicot como en la huelga y los sabotajes (en los dos primeros por razones obvias) es necesario por parte de los trabajadores el crear unos mínimos de organización. Y la disposición del mayor número de éstos para llevarlo a cabo. Un acto de sabotaje que se practique de forma aislada puede perjudicar a una empresa, pero ésta se repone fácilmente y el trabajador queda expuesto al posible enfrentamiento contra sus propios compañeros. Incluso puede ser aislado del resto de trabajadores, fichado o despedido de un día para otro y sin sobresaltos que puedan despertar algún tipo de respuesta. Para que el sabotaje resulte efectivo como medida de presión, requiere de la participación activa del mayor número de currantes. Además, cuanto más estemos de acuerdo en un determinado procedimiento, más sencillo resultará escabullirse de las múltiples formas de control (video vigilancia, fichaje, seguridad privada, tarjetas o números de identificación, etc.) que la mayoría de las empresas posee, y va perfeccionando, para combatir el absentismo laboral, la prevención de un conflicto laboral o la resolución del mismo.


[1] Manual práctico de autodefensa proletaria” http://www.rebeldemule.org/foro/dazibao/tema5268.html


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